La lección de Steve: Un maestro de 88 años en la barra de calistenia


Hoy, haciendo ejercicios de calistenia, conocí a Steve: un señor taiwanés de 88 años que tenía más fuerza que yo al colgarse de la barra. Mantuvimos una hermosa conversación, calmada, en donde no había prisa por interactuar, sino la pausa necesaria para elegir las palabras correctas.

Steve me enseñó una técnica de respiración que consiste en llevar todo el aire al estómago, inflarlo y exhalar de forma calmada.

También, a la hora de hacer flexiones, me dio un consejo: me dijo que mantuviera la mirada hacia el frente. Yo siempre la agachaba y miraba al suelo. Me pregunto si tendrá un mensaje oculto esa corrección…

Mantén la mirada al frente, nunca hacia el suelo.

Al despedirme de mi nuevo amigo, quien me había dicho explícitamente que ya estaba cansado por la edad, asumí que se iba a ir a descansar. Pensé que iría a tumbarse en su cama, como la mayoría de la gente de su edad lo haría. Pero él me miró y me dijo: «No… voy a ir a caminar por ahí».

Me pregunto si yo habré sido Steve en otra vida. Un ingeniero civil taiwanés que tiene una pasión inquebrantable por cuidar su físico. Al final del día, nuestro cuerpo es la única herramienta que usamos para interactuar con el mundo; mientras mejor esté, más posibilidades tendremos. Por eso me insistió en que su técnica de respiración la debo practicar a diario.

Voy a hacerle honor a Steve. Voy a afilar y cuidar la herramienta con la que experimento la vida. Parte de él vivirá en mí por siempre, todo gracias a una interacción tan breve como profunda.

Esto comprueba, una vez más, mi teoría: de absolutamente cada persona hay algo valioso que se puede aprender y que todo el mundo tiene su grano de arena que aportar.